sábado, 6 de marzo de 2010

Espera

Ignacio y yo nos reunimos en su departamento a beber unos tragos y compartir anécdotas de la vida, hacía mucho tiempo que no nos veíamos, él había viajado rumbo a Argentina para estudiar Geología y yo me quedé en mi país para continuar mis estudios de Enfermería, pero ahora él había vuelto para quedarse, recuerdo cuanto nos queríamos, el tiempo no era suficiente para nosotros, quizás la vida era corta para lo mucho que deseábamos amarnos, aun recuerdo el dolor que sentí cuando me dijo que se marchaba, quizás el gran problema es que yo lo consideraba mi todo, él era mi padre, mi hermano, mi hijo, mi mejor amigo, era toda mi familia, mi nido, y yo estaba dispuesta a dar mi vida por él, a pesar de que pocas veces se lo demostraba.

Ingresamos a su acogedor espacio, su departamento exquisitamente decorado con muebles barrocos y una enorme pintura de Dalí (imitación claro está), demostraban que sus gustos habían cambiado, mis ojos siempre detallistas observaron cada rincón, sin embargo todo fué grato, nada estaba puesto al azar. Con una sonrisa de complicidad llegó a mi lado con dos copas y una botella de champagne, supuestamente "para celebrar" nuestro reencuentro, siete años nuestras vidas se habían dividido, siete años yo había tratado de vivir rasguñando mi existencia.

Nos sentamos en unos cómodos sillones, uno frente al otro, solo nos separaba una pequeña y delicada mesita de vidrio en donde reposaban las copas, la champagne, los cigarros y mi bolso, él me relataba lo mucho que me había extrañado, las noches en que había llorado de soledad por no tenerme a su lado, decía no encontrar explicación al hecho de todavía amarme, que a pesar del tiempo transcurrido me amaba como si fuera el primer día o quizás más y yo, mientras mi mente vagaba en alguna pradera lejana, recorría su rostro,sus verdes ojos, sus largas pestañas,sus cabellos, sus manos blancas y delgadas, su pecho y sus piernas, mi mente fotografiaba todos y cada uno de sus detalles físicos, cada arista de su cuerpo quedaron en mi retina.

Repentinamente despierto de mi "sesión fotográfica" y me percato que la botella ya estaba casi vacía y mis ojos confusos, miro por su ventanal y la noche parecía conocer mis planes, vuelvo la mirada hacía Ignacio y él me pregunta como estuvo mi vida durante estos años, yo con una sonrisa apenas dibujada en mi rostro le respondo: -" Todo se reduce a la espera"-, en ese momento prendo un cigarro mientras él me mira confuso esperando una especie de traducción a mis palabras, a continuación abro mi bolso, saco mi revólver y aprieto del gatillo apuntando su rostro, la sangre de mi amado pasó a ser parte de la bella pintura de Dalí, entonces, termino mi copa, fumo mi cigarro y parto cerrando la puerta de su departamento y de mi larga espera.

                                                                                                           Ariadna





1 comentario:

  1. Bien katty...veo que has armado un blog con tu toque: musica, diseño de fondo...elementos que me encantaría manejar para aplicarlos al mío pero mi torpeza es a veces infinita....
    Leo y contemplo habilidad para narrar, hilas bien..es grato leerte..el primer relato me recordó al "último tango en paris", aunque acá el tema sea otro...te seguiré leyendo

    ResponderEliminar